LA REENCARNACIÓN DE UNA DIVA

Retratar a un personaje en cine del que hay muchas referencias visuales siempre es un volado, sobre todo, para el actor que lo interpreta. El reto crece si se trata de un ícono de la cultura pop. Muestras sobran: Val Kilmer como Jim Morrison en The Doors (Oliver Stone) y Michael Pitt, como un Kurt Cobain bajo el nombre de Blake en Last days (Gus Van Sant), son dos de los intentos más exitosos que he visto desde que soy fan del cine, pero hay que reconocer que pocos salen bien librados de esta prueba.
No es fácil hacerle creer a alguien que está sentado en una butaca que el actor que está caracterizado es esa leyenda de quien habla la película. Es por esa razón que han fracasado tantos intentos de llevar al cine la vida de otras figuras emblemáticas, como Elvis Presley.
Ahora, Simon Curtis, un director inglés que después de una vasta carrera en televisión, se anima a dar el salto a la pantalla grande con un proyecto sumamente ambicioso: Mi semana con Marilyn (My week with Marilyn), la versión de Colin Clark, tercer asistente de Sir Laurence Olivier, acerca de la semana en que Marilyn Monroe participó en la filmación de la película The Prince and the Showgirl (El Príncipe y la corista, me parece que le llamaron en México).
En Mi semana con Marilyn, Colin, un chico inglés proveniente de una familia millonaria que vive a las afueras de Londres, decide dejar las comodidades que le ofrece la posición acomodada de sus padres para intentar hacer carrera en el cine. Así, aterriza en las oficinas de Sir Laurence para la filmación de la cinta que promete ser un éxito pues sus estrellas serán Marilyn Monroe y el mismo Olivier. Lo que parece ser el proyecto del siglo se va despedazando poco a poco por las inseguridades y los demonios de Marilyn, quien además, ve su matrimonio con el escritor Arthur Miller tocar fondo y a su maestra de actuación discutir constantemente con el director de la cinta, quien pone en entredicho la capacidad histriónica de Monroe. Ante el caos en el set, Colin se convierte sin proponérselo en el confidente de Marilyn, el blanco de los chismes de la producción y la última esperanza de Olivier para sacar adelante lo que parece ser un proyecto encaminado a un precipicio. Es así como el joven aspirante a cineasta es testigo del lado oscuro de Monroe, pero también del más brillante.

Michelle Williams y Eddie Redmayne. La química perfecta.

El trabajo de ambientación es espectacular. Desde los vestuarios de la producción de El príncipe y la corista hasta los detalles fuera del set son determinantes para transportar a la audiencia a la década de los 50.
Curtis pasa la prueba sobresalientemente contando una historia que deja ver a una Monroe frágil, solitaria y torturada pero con un carisma y una personalidad que la llevó a ser una de las máximas divas en la historia del cine. Por otro lado, el manejo de las subtramas hace que la cinta no decaiga en ningún momento, como la motivación de Sir Laurence Olivier para traer a Marilyn a su producción y la forma en que su matrimonio con Viven Leigh se desmorona. Parecería que el mayor pecado de Curtis es sugerir que Monroe era una mujer nacida para ser actriz, pero se trataba de una época en la que los actores de método (como lo era Marilyn) no eran bien vistos por muchos directores ni por los actores de teatro que trataban de hacerse un lugar en el cine (como era el caso de Olivier). Esta contraposición es básica en la trama y un buen justificante para la tesis de Curtis (que en realidad viene del libro del mismo Colin Clark sobre el que se basó la cinta).

El platillo principal son las actuaciones. Michelle Williams, en el papel de Marilyn era una incógnita que, a fin de cuentas, recibió una merecida nominación al Oscar y una entrada triunfal al selecto grupo de actores que han logrado interpretar iconos de la cultura pop sin morir en el intento. Si bien, no es una copia al carbón de Monroe, Williams ofrece una interpretación sumamente creíble en donde, por momentos, uno se olvida que está viendo a la actriz de Brokeback Mountain y Blue Valentine. Un papel que le exigía mucho y del que sale muy bien librada.

De Michelle a Marilyn. Prueba superada.

Quien se lleva los aplausos de pie es Kenneth Branagh (otro nominado al Oscar por esta cinta) en una interpretación exquisita de Sir Laurence Olivier; Judi Dench, como Dame Sibyl Thorndike, da otra muestra de su talento nato a pesar de tener pocas escenas en la cinta; Eddie Redmayne, como Colin, da vida al chico inglés soñador y bienintencionado con mucha credibilidad; tal vez, el único error en el casting sea Julia Ormond, a quien nadie le cree su papel de Vivien Leigh, a pesar de que sólo aparece un par de veces. Emma Watson tiene un papel muy pequeño como la novia de Clark, pero suficiente para irse sacudiendo de encima su papel de la saga de Harry Potter, algo que le urge para que su carrera siga ascendiendo.

Las probabilidades de que Mi semana con Marilyn te deje un buen sabor de boca son muy altas, pero está en pocos cines, así que tienes que verla esta semana.

¡Enjoy!

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¿LA MEJOR PELÍCULA DE SUPERHÉROES?

Uno de los recuerdos más ñoños que tengo de mi infancia son las caricaturas de los Superamigos. De niño, ver juntos a Batman, Superman, Aquaman y cuanto superhéroe pudiera existir en El Salón de la Justicia era, por lo menos para mí, el punto máximo de la acción. No tardé mucho en darme cuenta de lo malas que eran las historias de estos dibujos animados, así que me vacuné contra toda reunión de superhéroes que viniera en el futuro. Pero de repente anunciaron que la película de The Avengers (Los Vengadores en español) se estaba filmando con un reparto multiestelar y un presupuesto casi ilimitado.

Aunque estos personajes sí tienen una historia juntos en los cómics de Marvel, el recuerdo de los ñoñísimos Superamigos y lo ambicioso del proyecto dispararon mi escepticismo a niveles sumamente altos. ¿Podría Joss Whedon -un director con más créditos en televisión que en cine, pero también un fan de hueso colorado de los cómics-, evitar que un proyecto de 220 millones de dólares (estimados) se convirtiera en el Waterworld del cine de superhéroes?

No todos los antecedentes en cine de The Avengers habían funcionado lo suficientemente bien como para creer que su éxito estaba asegurado: Iron Man fue una gran cinta y Robert Downey Jr. se convirtió inmediatamente en uno de los superhéroes consentidos de la pantalla grande (aunque la segunda parte quedó a deber); Capitán América no fue lo que se esperaba, pero sirvió para sentar las bases de lo que sería su participación en The Avengers; Thor presentó a Chris Hemsworth como el hombre perfecto para el papel del Dios del martillo, aunque la cinta tampoco llenó todas las expectativas que había sobre ella; y las versiones de Hulk con Eric Bana y Edward Norton simplemente no cuajaron.

Iron Man, el único superhéroe que había unificado criterios antes de The Avengers.

Finalmente, con la inexperiencia y con un proyecto aterradoramente grande en contra, pero con un presupuesto y un elenco que cualquier cinta de acción envidiaría a favor, Whedon no sólo evitó un desastre económico sino que hizo una de las mejores películas de este subgénero, si no es que la mejor.

Whedon no iba a tener mayores complicaciones con la trama. Ya habiendo varios elementos acomodados desde las películas anteriores de los miembros de The Avengers (que tienes que ver obligatoriamente si quieres entender la película), esta cinta resuelve algunos hoyos que habían abierto con toda intención sus antecesoras. La manzana de la discordia de este filme apareció por primera vez en Capitán América y se llama Tesserack. Se trata de una fuente de energía sumamente potente que puede abrir portales intergalácticos, la cual es robada por Loki (Tom Hiddleston), el hermano adoptivo de Thor. Para recuperarla, Nick Fury (Samuel L. Jackson), director de S.H.I.E.L.D., una agencia secreta de investigación militar, junta a un equipo de superhéroes.

Los principales aciertos de Whedon están en la forma de contar la historia. En primer lugar, hizo un balance perfecto entre los personajes principales. Capitán América (Chris Evans), Iron Man, Thor y Hulk (Mark Ruffalo) no se eclipsan en ningún momento, y el conflicto de cada uno lleva a un desarrollo más interesante de la trama. Por un lado está el de Thor, tratando de controlar a Loki en un duelo shakespereano (si es que se escribe así); por el otro, Tony Stark y Capitán América -los polos opuestos- se enfrascan en una discusión por el liderazgo del grupo donde chocan el ego contra el honor; finalmente está Bruce Banner y su lucha interna por controlar a Hulk, quien resulta ser un arma secreta de doble filo. Si a esto le sumamos las apariciones de Hawkeye (Jeremy Renner) y Black Widow (Scarlett Johansson), tenemos un coctel completo de personajes que no permitirá descanso alguno para quien ocupe la butaca.

Cero eclipses de héroes. ¿Así o más cañangas?

La película dura más de dos horas (143 minutos, para ser exacto), pero, sorprendentemente, no tiene altas y bajas, sino una línea ascendente que termina con el final de la cinta. El guión, escrito por el mismo Whedon, no tiene escenas de relleno. Cada una sirve para avanzar en la historia, creando así un ritmo ágil que nunca decae.

Otro acierto es que cada elemento trabaja para la historia, sobre todo los efectos especiales, que hay por toneladas, pero que al estar al servicio del guión no se exceden en ningún momento. De hecho, The Avengers tiene al Hulk más creíble de todas las versiones que se han hecho (el de César Costa incluido), desde su transformación hasta sus movimientos, algo que otros grandes directores, como Ang Lee, no habían podido hacer.

El Hulk de Ang Lee, listo para pasar al olvido.

Pocas cosas pueden echar a perder películas buenas como un sentido del humor mal aplicado. Aquí, Whedon lo administró magistralmente en lugares clave: a la mitad de una pelea, de una discusión, o bien, casi siempre que Tony Stark abre la boca. Son estos detalles lo que hace que The Avengers lo tenga prácticamente todo.

En cuanto a las actuaciones, ninguna es de Oscar pero tampoco es el punto flaco de la película, por el contrario, se convierte en el sazonador perfecto. Si bien, hay papeles que no exigen mucho en pantalla, como el de Hawkeye, Capitán América e, incluso, el de Thor, hay otros ya conocidos y muy bien ejecutados, como el Robert Downey Jr., Samuel L. Jackson, Scarlett Johansson y Mark Ruffalo. Era precisamente sobre Ruffalo que estaban todas las dudas, pero al final demostró ser el Bruce Banner perfecto. Eso sí, la gran revelación es Tom Hiddelston, que ya había dado muestras de ser el hombre perfecto para interpretar a Loki, pero ahora se gana a pulso su lugar en el Salón de la Fama de los antagonistas.

Tom Hiddleton da una cátedra con un personaje que muchos tenían olvidado, Loki.

En cuanto a las escenas de acción, hay dos que se convertirán en clásicos: una batalla en un portaviones que vuela (sí, leíste bien), y la que cierra la película. Hay que tomar en cuenta que en cada una Whedon tenía que seguir, por lo menos, a siete personajes en medio de un caos total. Hubiera sido muy fácil pasarse de la línea, pero en ningún momento hay confusiones ni tampoco excesos.

Con The Avengers, Josh Whedon hizo una verdadera proeza por donde se le quiera ver y puso la vara muy alta para las siguientes películas de superhéroes. La mesa está puesta para la segunda parte y para que entren otros Avengers a escena que se presentaron en esta película, como la agente Hill (Cobie Smulder).

Para concluir este comentario, diré que la principal aportación de Whedon y The Avengers es, sin lugar a dudas, que sacudieron de un solo golpe la ñoñez de cualquier reunión de superhéroes. Mil gracias por eso.

¿Tenía o no razón para dudar de las reuniones de superhéroes?